Hasta el 20 de mayo de 1982 José Eduardo Navarro, un correntino de 21 años nacido en Monte Caseros, egresado del Colegio Militar apenas cinco meses antes de la guerra de Malvinas, no conocía el mar, y tampoco imaginaba que una inmensidad tal de agua no fuese dulce.
En realidad nada era dulce durante aquellos meses, que marcaron para siempre a miles de jóvenes que tuvieron que hipotecar su vida por el malicioso afán de quienes pretendían despistar a los ciudadanos respecto de los verdaderos problemas por los que estaba atravesando la nación argentina, con un conflicto bélico que destruyó familias enteras y que aún hoy no ha logrado cicatrizar las heridas.
A las ocho y media de la mañana, en plena guerra, el flamante subteniente Navarro braceaba por su vida para alcanzar la franja de tierra gomosa de un islote cercano a Darwin. Esa fue su primera experiencia en el mar. Viajaba en el guardacostas "Río Iguazú" de la Prefectura Naval , que había sido herido de muerte por dos aviones Harrier ingleses.
La zambullida en las aguas heladas que rodeaban las islas no lograba paliar el dolor y tampoco congelaba el miedo. Más bien intensificaba el olor inhóspito del yodo y el sabor urgente de la sal. Mientras tanto, los medios locales cubrían una realidad que distaba enormemente de la verdadera: “¡Estamos ganando!” publicaban diferentes diarios y revistas con enormes y llamativos titulares.
“Si me muero decile a mi esposa y a mis hijos que los amo”, gritaba Eduardo Navarro a uno de sus compañeros mientras luchaba con las olas que amenazaban con llevárselo al fondo del mar, junto con las cenizas de muchos otros combatientes que ya habían claudicado en la despiadada lucha sin razón, que culminó el 14 de junio de 1982 con la rendición de Argentina.
Los ingleses habían ganado la soberanía sobre las islas, y los argentinos habían perdido mucho más que eso. Ni aún finalizado el conflicto la muerte dejaba de perseguir a los sobrevivientes, quienes tuvieron que soportar las secuelas físicas y psicológicas que la guerra les había dejado.
Más de 600 fueron los muertos en el campo de batalla, y casi 700 los que se suicidaron por haber sobrevivido sin poder soportar los crueles recuerdos. Políticamente en la Argentina , la derrota precipitó la caída de la junta militar que gobernaba el país y que usó la vida de cientos de inocentes para salvar el mandato.
Por supuesto que ese objetivo fracasó, porque nunca fue viable. Nunca existió un plan ni la más mínima intención de resguardar a los obligados soldados, ni tampoco de brindarles contención ante el monstruo que representaba Inglaterra, una potencia militar que corría con kilómetros de ventaja. Como tantas otras situaciones inexplicables en la Argentina , la guerra de Malvinas marcó un punto de inflexión en el que la sociedad pudo conocer el lado más oscuro de quienes obligaron a otros a perder la vida y junto con ella, la dignidad.

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